Es porque el desorden siempre viene conmigo.El avión me devuelve a tierras conquistadoras
desafiando la fuerza de Magec.
A lo lejos, entre el mar de nubes,
se ve el maravilloso lugar
donde Guayota quedó atrapado.
Un paraíso místico.
No puedo evitar
hacer balance del recorrido efímero
por las maravillas de mi tierra
en la que una hora menos hace tic-tac en el reloj...
...En la orilla de la mar
la brisa marina me acarició el cuerpo
mientras enterraba mis pies
en la rubia arena de la playa de mi niñez.
De mi adolescencia.
Y del comienzo de mi juventud.
Los vientos alisios me respiraron insaciablemente
por los alrededores de la Presa de las Niñas.
La carretera del Norte
-que yo perdí hace algún tiempo-
con su bandera tricolor
y las casas de colores de la montaña de Gáldar
envolvían grandes y desconocidas historias.
La vela latina se empababa de la inmensidad del Atlántico.
Y yo, en plena Avenida Marítima
-donde nos hicimos el amor-
a 30º un 7 de enero,
me fumé el tiempo,
una vez más,
con un cigarrillo en la mano,
una Tropical
y la poesía de Manolo Padorno recorriendo mis sentidos.
La magua canaria me baña hasta llegar a la punta de los dedos.
Que me tiemblan cuando te recuerdo.
Cuando intento escribirte.
Cuando pienso en la cumbre
y sus almendros en flor en el pleno invierno.
Todo le jodido día.
Hasta siempre... siempre... siempre...
Canarii.
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