Salud y libertad.

31/1/11

A mi des.conocido.


"Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles."


La arena de la playa de la locura me había enterrado hasta las rodillas en un microclima donde apenas salía el sol. Donde la brisa marina arrastraba los frutos de la palma hacia donde nacían las olas. Cada vez más lejos. Casi imposibles de coger. Las aves migratorias me miraban de reojo pero seguían de largo. Sólo estaban de paso. Quería volar. Con ellas. Necesitaba descubrir la inmensidad del Atlántico. Y del mundo.
Recuerdo aquella noche de luna llena, en la hora punta, a pleamar. Fue cuando decidí agarrarme al agua salada para salir de aquel infierno -si se le puede llamar de alguna manera-. Y lo conseguí. A medida que fui alejándome, pies cansados, olvidados de lo que era caminar, recordé aquello que había descubierto hacía mucho tiempo pero que había pasado al olvido: nada es imposible. La vida es vida. Si la pierdes, lo pierdes todo.
Cuando amaneció, me senté en una roca para ver cómo las mareas seguían su curso entre las nubes anaranjadas. Y fue ahí, por fin, cuando conseguí sentir los rayos del gran Magec calentándome el cuerpo. Llenándome de alegría. Sacándome la sonrisa eterna que todos deberíamos de tener y regalar sin distinciones. De repente, entre las olas, apareció aquello. Un rayo de luz verde con silueta de des.conocido que me llamaba con gritos mudos. Y fui tras él. Me lancé a la mar, sin miedo. Nada más sentirlo cerca, supe que en su compañía podría hacer lo mismo que aquellas aves migratorias hacían  mientras me miraban de reojo. Volar. Pero volar a nuestra manera.



Canarii.*

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