Que ahora
mismo no quiera tirarle un cóctel –de goma2- a nadie, no significa que esté
caminando por la orilla de una playa atlántica paradisíaca. La ausencia de
guerra no significa que estemos en paz.
Sólo hay que mirar a nuestro alrededor.
Mis
armas siguen empeñadas. Tampoco dejarán de estarlo nunca; es lo que tiene la rabia,
los afectos violetas y la revolución.
Sin embargo, esta noche, las balas de
esos AK-47 destruyen. Se dispara tristeza por algo que está más allá del horizonte de la
frontera, y miedo por lo que puede traer la siguiente marea de luna llena.
Emociones humanas
que corren como un zorro detrás de una liebre sin aliento.
Pero
que conste, que esta liebre se asfixia porque ha decidido no abandonar; porque
de su piel para adentro manda ella, con
todo su derecho a equivocarse al haber elegido seguir luchando por sobrevivir y
acabar con sus eternos fantasmas.
Candela C.

La guerra y la paz están dentro de ti. Máquina, que eres una máquina
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