Mis
dedos no llegan a tocar
los
acordes de la canción que nos inventamos,
aquel
otoño,
de
lluvia y cometas en el cielo.
Los
doce olímpicos se aliaron hace un tiempo para que esa melodía, tan dispar, con
rimas a.sonantes y sinalefas cada vez que nos cruzamos, no sonase en noches de
luna como esta.
Y me
faltan.
DO y LAm le siguen regalando sonrisas al sol para que no se apague la candela de aquel tropezón,
pero MI
busca marchitar los pétalos para poder robárselos con más facilidad a la rosa
de los vientos.
Y sin
rosa, no hay viento.
Sin
viento, no hay aire.
Y sin
aire, me asfixio.
Me
asfixio sin aire, sin canción,
y sólo
quedándome excusas
que
escribo a pie de página
como nota
aparte de la historia
para no
aceptar
que cuando
te pienso, ahora mismo sólo puedo funambulear
por los
vértices de la Caja de Pandora
vestida
de verde esperanza
Esperanza
de que el próximo tropezón
de que el próximo tropezón
devuelva
la guitarra y podamos seguir componiéndonos
entre estudios
de sonido de cuerpos amándose,
campos de fresa,
y cuartos de baño.
Candela C.
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